¿Se cura el etnocentrismo viajando?  

Una cita comúnmente atribuida en España tanto a Pío Baroja como a Miguel de Unamuno, ya que dice este último autor “el nacionalismo se cura viajando”.

En esta columna deseo provocar una reflexión, más allá del nacionalismo como ideología política, sobre las condiciones necesarias para superar el etnocentrismo. La antropología define el etnocentrismo como un tipo de creencia en que la propia cultura es superior a otras, junto con la práctica de juzgar otras culturas con los estándares de la propia cultura. En relación con la definición sobre el concepto, por una parte, Ken Wilber propone que el etnocentrismo es una etapa de la evolución de la conciencia, entre el nivel egocéntrico y el mundicéntrico. Por otra parte, Milton J. Bennett en su Modelo de Desarrollo de Sensibilidad Intercultural afirma que los individuos lidian con las diferencias culturales en formas predecibles a medida que van evolucionando en sus habilidades interculturales. Mientras más complejas y sofisticadas se vuelven nuestras experiencias interculturales, más se fortalece nuestra competencia intercultural, desde un estado en que negamos las diferencias culturales hasta uno en que las trascendemos.

Luego de estas revisiones cabría entonces preguntarse ¿Es posible superar el etnocentrismo  viajando?

Me atrevo a responder con una paradoja entre una respuesta <Sí>, y otra <No>. Por un lado, “Sí, creo que es posible. Pero no es la única forma” y por otro lado, “Sí puede contribuir, pero no lo garantiza”.

No todos los viajes garantizan una evolución de la conciencia. Deben darse ciertas condiciones en esos viajes. No es lo mismo ir en familia a un resort “todo incluido” que alojarse en el hogar de una familia local en su territorio. Cuando los viajes nos permiten salir de nuestro contexto familiar y nos exponen a situaciones nuevas e impredecibles, nos sacan de nuestra zona de comodidad. Entonces, ¿Qué condiciones  permiten que un viaje sea una oportunidad de aprendizaje intercultural? Para que las vivencias se conviertan en aprendizajes, se requiere tanto de cierto nivel de desafío como de un espacio emocionalmente seguro para la reflexión personal.

Sin embargo, viajar no es la única forma de tener encuentros interculturales con personas de otras culturas. Una persona de una cultura urbana puede descubrir otro mundo cuando conversa con otra persona de un contexto rural, aunque solo esté a una hora de su ciudad.

No todos tienen la oportunidad de viajar. Si trasladarse a otra cultura fuera un requisito necesario para evolucionar en la conciencia intercultural, se trataría de un lujo, que sólo una élite podría disfrutar. Afortunadamente, existen muchas otras formas de exponerse al contacto con culturas diversas, por ejemplo: leer libros escritos por autores de otras latitudes y cosmovisiones; disfrutar las comidas de otros países; escuchar músicas, sonidos y ritmos diferentes o canciones en otros idiomas; son también formas de viajar con la imaginación y los sentidos; de exponer a nuestro cuerpo y cerebro a nuevas sensaciones, abriendo la mente para apreciar la riqueza de nuestras diferencias culturales.

Más allá del desplazamiento físico, parece ser que es el encuentro auténtico con culturas y personas diferentes, y lograr así suspender los prejuicios negativos; y consecuentemente el que puede contribuir a la superación del etnocentrismo y por tanto, a la evolución de la conciencia intercultural.

¿Y tú qué opinas? ¿Has tenido algún encuentro realmente transformador con otra cultura?

 

Autor: Pablo Villoch, socio facilitador de glocalminds

 

Con la Columna de Opinión buscamos generar un diálogo entre personas, activistas, investigadores y otros actores vinculados al discurso intercultural. Queremos ofrecer una plataforma para expresarse, discutir y aprender; sin embargo, esta columna no representa la opinión oficial de SIETAR Chile.
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